
Autor: Richard Matheson La vida de Neville es muy monótona. Durante el día repite una y otra vez la misma rutina: repara su casa, revisa el sello de sus ventanas, fabrica colgantes con ajo y elimina los cadáveres de zombies que yacen sobre su césped, además de salir por comida e ir a cazar a los vampiros que entran en una especie de coma mientras aparece la luz solar; en la noche, Neville se sienta a escuchar música clásica y beber whisky, mientras intenta distraerse de los elementos del pasado vigentes en su memoria y de los alaridos de burla e incitación que dan los vampiros fuera de su casa, haciéndole perder ocasionalmente la cordura. Pronto despierta la curiosidad del protagonista por comprender a las nuevas criaturas que habitan en el mundo; curiosidad que choca frontalmente con sus frustraciones y errores mientras se adentra en el estudio de las mismas, debido a que Neville no tiene mayor formación académica. No obstante, se obliga a sí mismo a estudiar libros de medicina, psicología, biología y otras ramas para tratar de descubrir los misterios de las criaturas, desde descubrir la enfermedad que les afecta hasta reconocer las causas de sus temores a la luz del sol, los ajos, los espejos y demás mitos de la leyenda, como las cruces. De ahí en adelante, la historia toma un rumbo que deja de mostrarnos una vida regular enfocada en la supervivencia, y nos lleva por sus estudios y hallazgos.







