Ya en el instituto, Alice es una adolescente con una baja autoestima como consecuencia de su cojera y de las burlas constantes que soporta por parte de su compañera de clase Viola y sus amigas. Su afán por ser aceptada en el grupo de Viola la lleva a aguantar sus humillaciones y a hacerse un tatuaje de una flor que hace referencia al nombre de su amiga.
Mattia estudia en el mismo centro que Alice y es un estudiante con muchas dificultades para relacionarse con los demás pero muy conocido entre sus compañeros por su mente brillante en las matemáticas. Aprovechando que Alice todavía no ha tenido novio, Viola organiza una fiesta en su casa para celebrar su cumpleaños e invita a Mattia para que se conozcan. Cuando esto ocurre, Alice es una vez más traicionada por la envidia y los celos de su "amiga" Viola y a partir de entonces nunca más volverá a confiar en ella. Es en este momento, al sentirse más sola y abandonada que nunca por sus amigas cuando encontrará en Mattia a un amigo sincero y dispuesto a escucharla y en quien poder confiar a pesar de su carácter poco comunicativo.
La semejanza de caracteres, sus dificultades para relacionarse con el entorno y las malas experiencias de la infancia y la adolescencia serán el germen de la firme amistad que surge entre ellos y que los mantendrá unidos a lo largo de los años pese a la distancia y al camino diferente seguido por cada uno. Ambos se tienen el uno al otro, confían el uno en el otro y son capaces de comprenderse y apoyarse porque ambos han vivido experiencias que los acercan y que, al igual que los números primos, viven la soledad de quienes no acaban de encajar en la sociedad.








